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Feb 15

Juan Carlos, por favor, dimite.

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Los que me conozcan sabrán que no me caso con nadie, que de palmera tengo poco. Ahora bien, no soy un caso excepcional: en las bases más tiernas de Podemos abunda este espíritu crítico, este empoderamiento del que hablábamos los primeros meses y que últimamente tan olvidado está en los discursos.

Por eso estos días a muchos nos cuesta horrores ser de Podemos. Cuesta defender ciertas conductas, ciertos actos, aunque no te queda otra: No puedes permitir que tanta gente de la espalda a Podemos, la única herramienta de transformación con capacidad real que ha nacido en la historia de España.

Pero claro, la tarea es difícil porque ¿cómo vas a defender que el número 3 del partido haya aportado menos al país de lo que debía? ¿Con que cara pedimos a los ricos que aporten más si nuestros dirigentes replican estas conductas?

Sinceramente creo que Monedero no tributó mal a cosa hecha. Si hubiera querido tributar mal y robar a los españoles habría utilizado la fórmula de los señores que capitanean el PPSOE, el Ibex 35 y los medios de comunicación: hacer una empresa en Luxemburgo, tributando un 0%, y luego acogerse a la amnistía fiscal de Montoro y pagar un 10% (curiosamente estás prácticas tan extendidas entre la casta no son dignas de monográficos constantes en los medios de comunicación).

Ahora bien, que no lo hiciera a mala fe no invalida el hecho de que, al fin y al cabo, ha hecho una ilegalidad, o lo que es lo mismo, un fraude. Uno no puede tributar trabajos a nombre de una empresa con carácter retroactivo. Por otra parte, habría que hablar de la figura de la empresa unipersonal, que no es otra cosa que una de las mil figuras que permite nuestra legislación de ladrones para que los ricos paguen menos que los autónomos asalariados, esa bonita figura que instaura la esclavitud del siglo XXI, donde un currito ahora además de pagar el IRPF, se hace cargo también de sus cotizaciones de la seguridad social, del IVA, de sus vacaciones o bajas...Esos asalariados no tienen 3.000€ para crear una empresa de humo, no tienen la oportunidad de tributar a un 20% como Monedero.

Podemos puso el listón muy alto para lo que es costumbre en España. Por eso muchos nos hemos consagrado a este movimiento y por eso estamos arriba del todo en las encuestas. En este partido no sólo basta con no ser imputado, hay que también ser fiel a los principios éticos y morales de este movimiento. Hay que predicar con el ejemplo.

Me gustaría invitar a Monedero a que volviera a leerse el documento ético que su equipo propuso en la Asamblea Sí Se Puede y que votamos un 80% de los simpatizantes, en concreto el punto XI. Que lo relea, lo vuelva a releer, y tome la decisión valiente que todos esperamos, que predice con coherencia los pilares que conforman este movimiento y del que él es uno de sus arquitectos más importantes.

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No hay dudas de que a Monedero se le ha atacado demasiado para lo que ha hecho, comparado con los verdaderos canallas que han arruinado este país. Indigna mucho que otros que han robado miles de millones a los españoles tengan derecho a la intimidad, como Blesa. Enfada que Montoro utilice el ministerio de hacienda como su propio cortijo y que filtre datos, ilegalmente, de aquellos que suponen una amenaza para el bienestar de su banda criminal. Molesta que la prensa dedique horas enteras sobre una práctica común entre los empresarios españoles, y olvide que el PPSOE está plagado ya no de Monederos, sino de “Falcianis”. Las comparaciones son odiosas, es obvio, pero eso no nos puede disculpar. Podemos no nació como mal menor, sino como la alternativa al Cambio.

La respuesta de los dirigentes de Podemos ha consistido en defender contra viento y marea la premisa de “es que esto es un complot contra Podemos”, y aunque en este caso tengamos en parte razón, para la mayoría de la ciudadanía sonaremos igual que Carlos Floriano cuando, ante el caso Bárcenas, argumentaba “alguien podría tener la impresión de que lo que hay abierto no es un procedimiento judicial, sino una causa general contra el PP y sus dirigentes”.

No quiero que Monedero deje de ser parte activa en Podemos, porque se la importancia que ha tenido para construir un movimiento fuerte y que puede plantar cara al sistema, un movimiento de izquierdas real, palpable, muy diferente a lo que había hasta ahora.

Si a alguien le debemos que exista Podemos no es a Pablo Iglesias, sino a Monedero. Juan Carlos fue uno de los ideólogos fundamentales y quiero que siga siéndolo, que siga ayudando a atisbar nuestras líneas programáticas más fundamentales. Pero creo que Monedero debe abandonar todo puesto de responsabilidad en Podemos y dejar de percibir cualquier retribución económica, porque por leve que resulte lo que ha hecho en comparación a los que ahora ocupan el poder, no deja de ser una práctica de una ética cuanto menos cuestionable.

Demostremos a los españoles que Dimitir no es un nombre ruso y empecemos a sembrar con el ejemplo. Si lo hacemos, de poco le servirá a la caverna mediática sus ataques furibundos cuando nuestros líderes, pese a delinquir por torpeza más que por maldad, dan un paso atrás y son fiel a sus argumentarios.

Juan Carlos, tengo la convicción de que no buscabas enriquecerte, de que tu pasas de grandes coches o mansiones, pese a poderlas tener. Confío desde siempre en que el equipo al que voté en la Asamblea Sí Se Puede antepone el bien de los españoles al suyo propio, porque lo demostráis día a día con vuestros actos. Por eso mismo, Juan Carlos, no hagas caso a los palmeros, no hagas caso a los seguidistas, que sabes que este país está lleno de ellos y son uno de nuestros grandes males. Haz caso a lo que te dice tu propio corazón y de nuevo demuestra a toda España que en este partido siempre se anteponen los intereses generales a los individuales.

Juan Carlos, por el bien de Podemos, dimite.

Artículo publicado en El Boletin:

Juan Carlos, por favor, dimite (El Boletin)

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Feb 15

Crónica de la expulsión de los pobres de la Universidad

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Estos días el sector universitario está en pie de guerra debido a la reforma educativa de Wert, denominada popularmente como "3+2". Una reforma que, pese a parecer que es un intento por equipararnos con el resto de Europa, no es más que la enésima reforma para echar a los pobres de la universidad.

Cuando allá por el 2005 comencé la carrera, una de las primeras cosas que hice fue meterme en delegación de alumnos. Fui más tarde miembro de Junta de Escuela y viví toda la realización de los nuevos planes Bolonia con el gobierno del PSOE. Duré poco tiempo más en delegación, porque aquel año me quedó claro que los alumnos no teníamos ni voz ni voto en las tomas de decisiones de la Escuela, pero al menos esos dos años me sirvieron para entender el despropósito que se estaba llevando a cabo con la implantación del Plan Bolonia.

Ya desde el inicio a los representantes de delegación nos quedó muy claro que lo que se estaba realizando con el beneplácito de la ANECA era a todas luces una chapuza, y así lo hicimos saber, aunque de poco nos sirvió.

A excepción de países como Grecia, Bulgaria o Escocia, ningún país de la Unión Europea apostaba por la fórmula de los 4 años. Para adaptar diplomaturas y licenciaturas, se decidió duplicar titulaciones similares por cada una de las antiguas titulaciones, para que así nadie se quedara sin su cortijo particular. Las primeras añadieron a sus planes asignaturas específicas que extendían conceptos ya vistos en las anteriores y en el caso de las superiores, se recortaba un año y para ello quitaban asignaturas muy importantes. Para titulaciones similares podíamos tener cuatro o cinco grados diferentes, creando una confusión total entre los estudiantes recién salidos del instituto.

Por otra parte, los planes tenían un enfoque claramente mercantilista y de baja preparación, por lo que equivalían en muchos casos a una FP. Con el plan Bolonia se creaban individuos válidos para el mercado laboral, pero carentes de una formación que les diera una proyección que permitiera ampliar conocimientos en el futuro.

A eso había que añadir que el Plan Bolonia implantaba la asistencia obligatoria a clase, la evaluación continua, y por tanto, el aumento de horas lectivas fuera de la universidad. Aquella reforma cercenaba el acceso a la universidad de aquellos que compaginábamos trabajo con estudios y dejaba el postgrado sólo en manos de aquellos que pudieran permitirse pagar el elevado coste de un Máster.

De las convalidaciones poco o nada se habló. Lo que allí primaba era sacar lo antes posible un plan de estudios validado por la ANECA y ser los primeros. De nuevo las universidades sólo buscaban más matriculados, más dinero. Poco importaba la preparación con la que salieran los alumnos.

El primer año de implantación las universidades crearon otro "sacacuartos": los cursos puente. Estos cursos estaban enfocados a aquellos titulados del plan antiguo que quisieran obtener el grado. Para ello tenían que pagar la convalidación de todos sus créditos anteriores (una pasta), y matricularse de 5 o 6 asignaturas, a cursar en un año. Muchísima gente motivada por más de un profesor, entró en estos cursos puente y obtuvieron así una convalidación que con la reforma planteada ahora, les hubiera salido gratis. Por mi parte decidí ignorar esta opción. En primer lugar porque yo ya tenía un trabajo a tiempo completo que me impedía cursar nada de Bolonia, y en segundo lugar porque accediendo a un master de un año tenía la misma convalidación casi por el mismo coste, con la salvedad de que los masters tienen horarios más compaginables, son más valorados y te especializan mucho mejor que aquel curso puente. Quizás haya sido de las pocas decisiones buenas que he tomado en mi vida universitaria.

Como de costumbre, la llegada de un nuevo gobierno ha supuesto una nueva reforma educativa, porque en este país las materias que deberían ser de estado son utilizadas sistemáticamente para hacer campaña electoral.

Después de un lustro se decide por fin hacer caso a la petición de utilizar el modelo 3+2 del resto de países del entorno, es decir, grado de 3 años y postgrado de 2 años vía master, eso sí, tras ampliar los precios de las matriculas salvajemente tanto para grado como para master. Además se hace sin orden ni concierto, ya que se permite 4+1 o 3+2 según gustos de la universidad (lo que ocasiona un auténtico locurón a la hora de homogeneizar las titulaciones entre universidades).

En los países que se aplica la fórmula 3+2, como son Alemania o Francia, los precios de los créditos son muy inferiores a los precios en España. Además, los precios de master son prácticamente idénticos al grado. Otros países como Reino Unido, con tasas superiores a la media como la española, compensan dando un elevado número de becas. Cualquiera de las dos opciones permite que aquellos que provengan de familias humildes, es decir, la inmensa mayoría, puedan tener la opción de estudiar una carrera. En el caso de España no sólo tenemos uno de los precios por crédito más altos de Europa y una de las mayores diferencia de precio entre grados y masters, sino que las becas se han convertido en leyendas urbanas.

Por tanto, solo hay que sumar 3+2 para ver que esta nueva reforma excluirá a más estudiantes aún si cabe de poder acceder a la educación universitaria, volviendo de nuevo a aquellas épocas que algunos tanto añoran en la que los pobres siempre eran pobres y no tenían posibilidad alguna de salir de una exclusión social impuesta por el régimen.

Bienvenidos a la nueva vieja España Universitaria del PP.

Artículo publicado en El Boletin:

Crónica de la expulsión de los pobres de la Universidad (El Boletin)

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