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Oct 15

La máquina de movimiento perpetuo

Notas un vacío en el corazón: No hay nada en tu caja torácica. La única parte que parece estar viva de tu organismo es el estómago, donde miles de mariposas aletean como locas, nerviosas y estresadas de saberse cautivas en un espacio lleno de desesperanza y dudas. Una sensación febril acompasa el ritmo de sus alas, pero no hay virus ni bacteria que la cause.

Un cerebro cansado y maltratado lucha incansable por mantenerte en pie, para que todos los engranajes estén operativos y engrasados, para que sigas adelante. Es lo único que puede hacer. Desde hace meses ese cerebro no quiere disfrutar de su tiempo libre, no tiene ilusiones, metas o proyectos de futuro. Y si los tiene, busca rápido desconectar, evadirse del futuro incierto que a duras penas vislumbra.

Su portadora sacia sus deseos. Busca mil actividades que realizar, salidas superfluas con las que anestesiar a su pobre cerebro.

Pero su cerebro tiene un límite y necesita descansar. Cuando llega el momento de irse a la cama de nuevo vuelven las dudas, las inseguridades y la desesperanza. De nuevo vuelve el vacío en el pecho y el nudo del estómago.

Y así, día tras día, la máquina sigue funcionando, como si nada pasara...

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