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Jul 15

¿Donde queda la ciencia de las Ciencias Económicas?

Desde que empezó la crisis no es raro ver economistas defendiendo doctrinas completamente opuestas para un mismo contexto, movidos por las doctrinas políticas que fundamentan esos sistemas económicos. Con esto del Referéndum de Grecia, de nuevo cada corriente política se saca del bolsillo a su Premio Nobel de Economía favorito para defender una determinada doctrina. Podemos ver economistas como Joseph Stiglitz que defienden el NO y otros como Christopher Pissarides defendiendo el SI. Y la gente, claro está, no entiende nada. ¿No deberían coincidir al ser la economía una ciencia?

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Por ejemplo, cuando uno ve hablar a un Premio Nobel de Economía piensa en Física, Medicina, Química...en Ciencias Puras como se conocen popularmente. Lo que no saben muchos es que el Premio Nobel de Economía ni siquiera existe. Alfred Nobel no tuvo en mente a la economía como ciencia, igual que no tuvo a las matemáticas tampoco en consideración (para el eran una herramienta sin más). Realmente el premio de economía es un premio que da el Banco de Suecia llamado "Premio del Banco de Suecia de Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel". ¿Es entonces la Economía una Ciencia?

De toda la vida hemos entendido como ciencia al proceso de adquisición de conocimiento mediante la observación de patrones regulares, de razonamientos y de experimentación en ámbitos específicos, a partir de los cuales se generan preguntas, se construyen hipótesis, se deducen principios y se elaboran leyes generales y sistemas organizados por medio del método científico. Es decir, en la ciencia una hipótesis se convierte en teoría cuando somos capaces de reproducir una y otra vez los mismos resultados en diferentes entornos de pruebas. Al menos, esta es la explicación que nos plantean desde primaria pero, ¿pasa esto en Economía? Sí y no.

Hay que tener claro que las Ciencias Económicas y el resto de Ciencias Sociales no son como las Ciencias Puras que normalmente conocemos, aunque apliquemos gran parte del método científico a la hora de hacer nuestros análisis. En estas ciencias nos falta la fase más importante, validar la teoría reproduciendo el experimento múltiples veces. La gente no es igual en diferentes contextos sociales, culturales, históricos, etc. (y otra multitud de variables de estudio desconocidas) ni mucho menos teniendo conocimiento de ser partícipes de un experimento. Además, si extrapolamos a otros entornos pueden darse, o no, dichos resultados, sin que además sea en sí mismo concluyentes. Esto en la parte científica, si nos movemos en el campo de la ética y la moral, hacer granjas humanas de pruebas con las que validar o refutar diferentes hipótesis, no es muy decente ni humano que digamos.

Por tanto, la economía se basa fundamentalmente en la estadística, la cual nos da probabilidades y tendencias, pero nunca un resultado exacto. Yo puedo afirmar que si A crece, B crece, debido a los datos que he analizado, pero no podemos saber que haya causalidad al no poder replicar el experimento. Puede ocurrir que, efectivamente, si A crece B crezca, pero también que A crezca debido a B, que exista una variable C que sea la que hace aumentar a A y B o, simplemente, que ocurra por pura casualidad. Por tanto, no podemos validar las teorías económicas.

Esto no sólo ocurre en las Ciencias Sociales, sino que ocurre, en general, en aquellos campos de estudio de los que no tenemos todo el conocimiento del problema. Por ejemplo, La Ley de Gravitación Universal enunciada por Newton es una Ley porque siempre da el resultado correcto cuando uno hace cálculos con masas grandes y velocidades muy inferiores a la de la luz, pero en otros casos falla estrepitosamente. Albert Einstein y su Teoría de la Relatividad General consiguen abordar el problema de las velocidades cercanas a la luz afirmando que el tiempo es relativo, estando éste entrelazado en un plano con el propio espacio y de nuevo, se puede constatar que sólo funciona en objetos grandes. La mecánica cuántica, por el contrario, surge para analizar las fuerzas en elementos con masas ínfimas. Esta ciencia se basa en probabilidades también. Uno estima donde estará un electrón, pero realmente ni sabemos que está ahí, es más, que un observador intente constatar el estado de dicho electrón variará el propio resultado. Estas tres teorías explican el movimiento y equilibrio de los cuerpos y las fuerzas que los producen, pero cada cual en contexto y campos muy específicos.

Para un físico el hecho de tener dos teorías para explicar el mismo fenómeno es indicativo de que no conocemos la verdad completa y hay que seguir buscando. Es por ello que han surgido nuevas teorías, como la Teoría de Cuerdas, que ve la materia independiente del espacio y tiempo, o La Teoría Gravitatoria cuántica de bucles, que borra la idea de que el plano espacio-tiempo sea liso, para dar una respuesta a esta dualidad. Ambas teorías intentan reconciliar la problemática antes expuesta y dar una solución general para ambos problemas. Si una de estas teorías, además, se demuestra que directamente es errónea en este proceso de búsqueda de la verdad, nadie se dedicará a seguir defendiéndola fanáticamente, ni siquiera sus propios descubridores: Habrá críticas iniciales, ciertas resistencias, pero el método científico es la piedra angular para todos, tengan o no en juego sus propios intereses, por lo que al final siempre se impone la razón.

Esto en cambio no pasa en Economía. Los economistas sistemáticamente niegan los resultados de ciertos experimentos si estos no cuadran con sus dogmatismos. Para los economistas de la escuela de Chicago, que hoy en día son prácticamente todos aunque ni hayan pisado dicha universidad, un sistema con un estado intervencionista no tiene ni un sólo punto bueno, aunque analíticamente se demuestre que en determinados aspectos se consigue una distribución más equitativa. Tampoco importa si históricamente se ve una pauta clara - tan clara que una profana como yo la ve - de que el capitalismo tiene crisis cíclicas, cada vez más cercanas en el tiempo, y estrechamente relacionadas con el nivel de liberalización de los mercados. Del mismo modo, aquellos amantes del intervencionismo jamás serán capaces de ver los puntos negativos de su sistema predilecto, aunque se constate que puede crear problemas de productividad o corrupción.

Sin embargo, como en todos sitios hay excepciones que confirman la regla, uno puede encontrarse en determinados medios a economistas con cierto amor por la ciencia capaces de tirar abajo sus creencias más absolutas si ven pruebas claras de su error. Por desgracia, estas figuras son rara vez tenidas en cuenta, mucho menos en nuestro país, donde el valor a la ciencia brilla por su ausencia. Buena muestra es que tengamos solamente dos nobel (uno de ellos, Severo Ochoa, robado a USA), la inversión más baja de I+D+i, y que figuras como Margarita Salas, una de nuestras científicas más ilustres, ni siquiera sean conocidas, mientras nadie tiene dudas de quienes son Belén Esteban o Cristiano Ronaldo.

Para conseguir solventar un problema sistemático como el que tenemos es necesario ese espíritu crítico que da el método científico, que hace posible que personas de corrientes opuestas se sienten en la misma mesa a idear un nuevo modelo que tome lo mejor de cada teoría, creando así un modelo nuevo sólido, que tenga en cuenta nuestros contextos ecológicos, sociales y culturales, y que sea lo más beneficio posible para todo el conjunto de la población. Sin ese espíritu, ni se podrá mejorar la situación a la larga, ni los economistas tendrán derecho alguno de llamar a su materia Ciencias Económicas, ni mucho autoproclamarse Ingenieros económicos.

Artículo publicado en El Boletin:

¿Donde queda la ciencia de las Ciencias Económicas?

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14
May 13

Otra solución sí es posible: La década perdida de América Latina

LatinoamericaHace algún tiempo os hablé de La Gran Depresión, la cual ocurrió a principios del siglo XX y que nos daba claros indicativos de lo mala que son las políticas que está aplicando Europa, el BCE y el FMI en los países del sur. No obstante, tenemos un ejemplo mucho más cercano tanto en tiempo como en las causas y efectos, en el que también podemos fijarnos y sacar conclusiones: La década perdida de América Latina.

A inicios de la década de los 80 tuvo lugar una crisis de deuda latinoamericana que duró más de una década y de la que aún Latinoamérica trata de recuperarse.

Todo se gestó en los años 70 con la crisis de petróleo: El encarecimiento de los precios del petróleo creó grandes excedentes de capital en los países exportadores. Eso, sumado a los bajos tipos de interés, llevó a los bancos de estos países a invertir todos esos excedentes en los países latinoamericanos en crecimiento, los cuales necesitaban préstamos para continuar desarrollándose. Vamos, lo mismito que hicieron los bancos alemanes en España.

En el año 82 el contexto económico cambió debido al shock del petróleo y la apreciación al dólar y esto ocasionó el anuncio por parte de México de la imposibilidad de pagar su deuda. Más tarde le siguieron Brasil, Perú, Venezuela y Argentina. El gran problema, al igual que ocurre en la crisis actual, es que la mayoría de créditos concedidos a Latinoamérica eran de tipo variable y estaban expresados en una moneda que estos países no controlaban, el dólar. Además, que los países latinoamericanos no pagaran esta deuda significaba la caída de los mayores bancos estadounidenses y el consiguiente colapso financiero a nivel mundial.

Durante los primeros 7 años de crisis el FMI metió la cabecita y “rescató” a los países que tenían una balanza de pagos en déficit. El FMI a cambio obligó a los estados a que la balanza de pagos fuera requisito indispensable para cada reestructuración de la deuda y no había año que la institución internacional no ordenara a estos países bajar salarios, subir impuestos y reducir el gasto público. Estas condiciones lamentables sumieron rápidamente a Latinoamérica en la pobreza y ocasionaron un fenómeno de emigración económica no deseada.

Como ha ocurrido en España o Grecia, los duros ajustes salariales y de inversión pública se tradujeron en una disminución de la inversión privada, creando una deuda aun mayor. Lo que había empezado como un problema de liquidez ahora se traducía por todos los estamentos internacionales en un problema de solvencia. Pero lo que realmente le importaba al FMI es que los países en crisis pagaran sus deudas a los bancos estadounidenses, sin importar el coste humano y social que estas medidas pudieran ocasionar.
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En 1989 el secretario del Tesoro Brady dio el siguiente golpe en la mesa: Brady ordenó que se redujera la deuda por medio de reformas estructurales, que consistían en la privatización de todos los bienes públicos y la liberalización absoluta de los mercados. Por tanto, las grandes corporaciones, sobre todo estadounidenses, se trocearon la tarta del pastel y diezmaron toda Latinoamérica, aunque esto significara apoyar dictaduras como la de Perú, donde el dictador aprobó el paquete de medidas del Banco Mundial el día después del golpe de estado.

En muchos lugares leeréis que Brady fue el mesías que hizo volver a crecer la economía latinoamericana. Lo que realmente hizo Brady fue coger toda la riqueza de estos países y llevársela fuera, por tanto, que los países latinoamericanos comenzaran a crecer cuando ya estaban completamente sumidos en la pobreza, no se puede decir que tenga mucho mérito.

Durante las últimas décadas los neoliberales han sido los causantes de las recurrentes crisis que han dominado el mundo: Tatcher, Reagan, Pinochet... todos ellos han aplicado medidas económicas liberales que a la larga se ha demostrado que empobrecen al país y regalan su riqueza a las grandes corporaciones. Una vez más, y esta vez en casa, vivimos el expolio de una región para el beneficio de los grandes poderes económicos.

El capitalismo es un sistema caduco y la muestra son las crisis cíclicas y recurrentes que sufre el sistema desde su nacimiento.

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13
Apr 13

Otra solución sí es posible: El Keynesianismo

Constantemente nuestro gobierno nos dice que no hay otra solución posible que la que están aplicando ellos, porque claro, ellos saben mucho de economía y tal. La desgracia es que algunos parece hemos leído más historia que ellos, o lo más factible, nos tratan como ignorantes y tienen intereses que les empujan a tomarlas mientras engañan a la población.

El neoliberalismo aplicado por los gobiernos de Europa y España en particular es exactamente igual al visto en el pasado. Da igual que hayan durante muchos años refinado sus técnicas, los cambios y las consecuencias siguen siendo igual de nefastas.

Existió otra crisis en el pasado llamada la Gran Depresión, que tuvo lugar después de la primera guerra mundial. Ocasionada por una burbuja de materias primas gestada desde EEUU durante la primera guerra mundial, en Octubre de 1929 la bolsa sufrió un auténtico cataclismo que acabo llevando a muchos multimillonarios a tirarse desde sus rascacielos (a diferencia de ahora ellos también sufrían la crisis). Esta crisis duró una década y ocasionó el empobrecimiento de la población hasta el punto de generar una tasa de paro en EEUU del 25%.

Esta crisis dio lugar a multitud de movimientos, tanto económicos como sociales, que daban diferentes soluciones, en algunos casos antagónicas, para poder superar el bache. Como está ocurriendo ahora, la solución que vieron muchos poderosos fue la de aplicar recortes brutales que en muchos casos ocasionaron el surgimiento de gobiernos dictatoriales que sumieron a sus países en situaciones de las que aun hoy en día aun se avergüenzan. Por ejemplo, me viene a la cabeza Chile, pero también de forma menos clara, Italia y Alemania.

El estallido de la segunda guerra mundial no nos engañemos, se debe en gran parte a esta crisis y al Tratado de Versalles, que no era más que la deuda que se le impuso a Alemania por los desastres de la guerra. Esto llevo las cosas a un clima de injusticia social y pobreza que ocasionaron el apoyo a ideas tan radicales y repugnantes como las proclamadas por Adolf Hitler (Godwin wins again!). No obstante, después de la segunda guerra mundial las cosas fueron bien gracias a una serie de medidas económicas que nada tienen que ver con las del neoliberalismo, inyectando ingentes cantidades de dinero para la reconstrucción de Europa con el Plan Marshall.

Por tanto, ¿qué soluciones hay, aparte de las ya cansinas medidas del “esfuerzo de los españoles” que al final se traducen en el esfuerzo de aquellos españoles que no pertenecen al Ibex 35? Pues una teoría económica que por lo que me cuentan no falta como materia importante en muchas asignaturas vinculadas a la carrera de Economía. Vamos, que no es desconocida, aunque se explique y nombre poco.

0 RLa teoría económica en cuestión es el keynesianismo, cuyo nombre rinde homenaje a su ideólogo, John Maynard Keynes.

Keynes negaba la teoría clásica de que la economía se autoregulara por sí misma y creía que el gobierno debía intervenir activamente en la economía. Según su teoría el ingreso total de la sociedad está definido por la suma del consumo y la inversión y en una situación de crisis en la que el desempleo es muy elevado y la capacidad productiva no es aprovechada (¿a qué país os suena?) solamente pueden aumentarse el empleo y el ingreso total incrementando primero los gastos, sea por medio del consumo o la inversión. Por tanto, hay que controlar la relación entre oferta y consumo, ya que de ello dependen los beneficios empresariales y la inversión.

Keynes señaló que en la crisis del 29 había retraído la demanda y que era necesario estimularla, generando demanda adicional que tirara de la producción. Las medidas no intervencionistas que intentaban ir por este lado (¿os sueña inyección a la banca privada?) no habían servido de nada, por lo que se decidió finalmente aplicar medidas que sí fueran intervencionistas por parte del estado para restablecer el equilibrio entre oferta y demanda.

Los puntos por los que abogaba keynes eran los siguientes:

  • Desarrollo de política de inversiones estatales en obras públicas que sirviese de estímulo a la iniciativa privada a través de los diferentes componentes industriales para llevar a cabo dichas mejoras por parte del estado. Esto además aminoraría el desempleo e incrementaría la masa de consumidores, lo cual activaría la economía.
  • Impresión abundante de dinero, que aunque esto siempre llama a la temida inflación, con un alto paro el peligro de la inflación sería prácticamente inexistente.
  • Incremento de los salarios, pese a que la medida estrella de los economistas clásicos era precisamente lo contrario, reducirlos. Keynes aseguraba que el empleo no dependía de los salarios sino del consumo y la inversión. Una disminución de los sueldos lo único que ocasionaría es un retraimiento de la economía de los trabajadores que deprimiría el consumo y en consecuencia, la producción, y por tanto, el empleo (la pescadilla que se muerde la cola en España)
  • Intervención en todos los sectores económicos por medio de la regulación y fijación de precios, salarios, subvenciones de empresas, etc. Vamos, nada de “flexibilizar” las condiciones como en nuestra reforma laboral.

No penséis que esto es todo teoría y queda muy bonito en papel, como he oído a más de un troll "libegal" decir, ya que estas medidas las puso en práctica el presidente de los Estados Unidos F.D.Roosevelt mediante el New Deal.

Como ya mencionaba el paro en EEUU después de la Gran Depresión era ingente, de hecho 12 millones de personas se encontraban sin un trabajo cuando se decidió en el 33 aplicar las medidas de Keynes.

Por tanto, Roosevelt potenció el control del Estado sobre los bancos y exigió que los bancos tuvieran mayores reservas para asegurar así su solvencia. También estimuló la concesión de créditos a las empresas y creó leyes que protegieran a los inversores de posibles fraudes (estaría bien algo así para las preferentes, ¿verdad?). Además, se devaluó la moneda un 41%, medida que nosotros, por ejemplo, no podríamos aplicar porque otros países como Alemania lo impiden.

El estado además subvencionó grandes proyectos a la industria por medio de obras públicas que generaron de forma directa 3 millones de empleos. En cuanto a la agricultura se buscó la recuperación disminuyendo la producción, ya que la sobreproducción que se arrastraba desde los años dorados de la década de 1920 propiciada por la primera guerra mundial consiguió que se hundieran los precios y los beneficios de los agricultores y no tuvieran casi ni para poder cubrir su inversión. Disminuyendo las cosechas se consiguió que subieran los precios hasta duplicar en tres años las rentas agrarias.

En cuanto a las condiciones laborales Roosevelt reguló las relaciones entre patronos y obreros y cortó de raíz la autentica libertad que tenían los empleadores para explotar a sus trabajadores. Impuso un salario mínimo y una jornada horaria máxima. Con la disminución del paro, la fijación del salario mínimo y la tendencia al alza de los sueldos se creó una pequeña clase media que multiplicó la demanda.

Y por último, Roosevelt intento corregir muchas de las desigualdades sociales que genera el capitalismo y que por desgracia han vuelto a su país, creando el primer sistema federal de seguro de desempleo y pensiones.

Las medidas llevadas acabo por Roosevelt no pudieron devolver las cosas a la situación anterior en la crisis, en parte por el estallido de la segunda guerra mundial, pero si mejoraron sustancialmente los problemas crónicos que sufrían. El paro siguió siendo elevado y el aumento de las inversiones privadas, aunque fue alto, no lo fue ni de lejos tan alto como el público. Además, ciertos sectores conservadores veían el New Deal excesivamente socialista y decían que atentaba contra la tradición americana de la libre empresa. Es por ello que algunas de sus principales medidas, como la agraria, fueron anuladas por el tribunal supremo.

No obstante, el New Deal palió los efectos de la depresión en la que se había estancado el país, creando empleo y generando un optimismo que no se había visto en una década, el cual fue en gran parte propulsor del brillante futuro económico de EEUU en las siguientes décadas.

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